lunes, 27 de febrero de 2012

Preludio

Preludio: Getting Smaller.

Sonríe.

“¿Nos hemos visto antes?” no tienes respuesta, vacío incomodo de por medio. Fijan las miradas, aunque algo te dice que no lo has visto nunca antes, no estás seguro si esa es la respuesta correcta.

“¿Me hablas a mí?” Su mirada entre burlona entre cariñosa no cambia.

“¿Ves a alguien más por aquí?” lo niegas con la cabeza, tu mirada busca alguien más en donde posarse, no estás seguro de que espera de ti.

“Fue una simple pregunta, me parecías familiar. Pásate una buena noche” Lo ves voltearse, dispersarse como agua entre la gente, se mezcla, fue tan rápido todo que no quedo en tu mente gravado mucho que recordar, no estás seguro si lo imaginaste.

Está lloviendo, estiras tu mano a tu bolsa. Sacas un paquete de cigarros. Las luces de los carros te deslumbran cuando vuelves a alzar la mirada. Para variar no sabes en que parte de tu bolsa volviste a guardar los cigarros. No importa.

La mano derecha se posa justo por encima de tu cabeza hasta que consigues agarrar el gorro de la chamarra. Te lo pones. Alrededor de ti llueve, la gente se desplaza con paraguas, con la cabeza baja, empujando de lado a lado, tratando de llegar a su destino sea en donde sea bajo la molesta lluvia. Esta anocheciendo, las luces se vuelven anaranjadas, marquesinas de hoteles en Rosón y restaurantes es lo único que alegra un poco la falta de color.

Vistes pantalones de mezclilla. Tienen unos agujeros enormes en las rodillas y aun así el frio no es tan malo, debajo llevas unas medias negras.

En tu mente llevas otra vez ese peso, esa sensación de que algo anormal está pasando alrededor, algo que no entiendes, algo fuera de tu comprensión. Los colores neón de los letreros se avivan, los ruidos de la calle, y las personas hablando y caminando se vuelven de repente estruendosas. Los colores naranjas se vuelven más fuertes, por ejemplo el brillo azul del restaurante japonés a la derecha, o el rojo del mercado japonés, el neón del café de la esquina.

“Inhala humo, exhala humo” Piensas y repites una y otra vez. “Inhala humo, exhala humo” repites y repites, y repites.

Caminas más rápido entre los charcos, desde tu punto de vista, tus botas negras para la lluvia parecen estar tratando de dar en todos los charcos posibles.

“Más rápido, más rápido, inhala y exhala humo”

Caminas dos cuadras más, el enorme letrero amarillo con blanco gira de un lado a otro. Es hora de bajar una cuadra.

“Me puedes regalar un cigarro ¿No?” se cruza enfrente de ti. Te pide un cigarro porque vienes fumando.

Si puedes, le ofreces uno. Justo después de la tienda de las pipas.

“Gracias, ¿me prestas tu encendedor?”

Bajas la mirada, revuelves tu bolsa, dentro encuentras colillas viejas, pastillas de Tempra sueltas rozando contra los resto de tabaco. Las odias, odias más el bote de seguridad para niños que no sirvió de nada.

“Gracias” Solo asientes con la cabeza. “¿Tienes prisa?”

“algo” le respondes. Tienes la voz un poco ronca, tu garganta hace sonidos un poco raro tratando de remover las flemas.

“Ya, es que te me haces familiar…” dice él.

“No creo que nos conozcamos” te das la vuelta y sigues caminando.

Al comenzar a bajar por la cuadra puedes ver las luces reflejadas en el mar, las luces provienen de North Vancouver.

Llegas a la esquina de Georgia. El día de hoy no tiene gente entrenando en el gimnasio. Miras tu celular, la hora en la colorida pantalla te marca en medio de los miles de iconos que apenas son las ocho de la noche. ¡Qué extraño! Hoy hay menos gente recorriendo las calles, y no es tan noche como otros días. Extiendes tu mano, la lluvia sigue siendo bastante fuerte.

¿Sera la lluvia?

Debajo de las chamarras escuchas las llaves chocar unas contra otras. Bajas el cierre, y desenredas las llaves de la cinta de la bolsa.

Giras las llaves en el seguro de la puerta, se abre. La puerta como siempre esta pesada.

Hay una persona más esperando el elevador. El foco marca que el elevador está en el piso veintiuno.

“Que mal que no arreglen el elevador, ¿No?” Es una chica, tiene el pelo color cobre. Lleva unas botas largas negras, hasta las rodillas. Tiene un chaleco color azul y unos lentes de sol sobre el pelo.

“Si, es horrible, a ver si ya para febrero esta todo en su lugar”

“Si… Y que día más raro ¿Verdad? Todo lluvioso, desde bien temprano” No te quita la mirada de encima. Algo comienza a provocarte pánico. “Te pareces mucho a alguien, ¿No te conozco?”

“Pues vivimos en el mismo edificio puede ser…”

“Yo no vivo aquí, solo vengo de visita, es la primera vez”

“Ya…” Silencio incomodo invade el lobby. Caminas un poco, miras el piso sucio y por la ventana. El elevador llega. Te subes, picas el piso número doce.

La chica no se sube.

Detienes la puerta abierta.

“¿No te vas a subir?”

“No, estoy esperando a alguien” Asientes, dejas la puerta cerrarse.

Llegas a tu piso. No te detuviste en ningún otro piso. Sales del elevador, miras el pasillo. El pasillo que te da miedo. Es una repetición constante del mismo color en las paredes, la misma alfombra, el mismo color en las puertas. No son demasiadas puertas, pero siempre has pensado que parece de película de terror.

Abres la puerta de tu departamento. No hay luz dentro, prendes la luz. Se tarda aproximadamente cinco segundos en brillar. Escuchas al refrigerador jalar energía, encenderse. Te quitas tus chamarras, las tiras al piso. Te preguntas, ¿Qué es más fácil y rápido para hacer de cenar?.

Prendes la televisión.

Se oye el zumbido inicial de la televisión al prender, entonces nada, no se oye nada, pero se ve el negro de la pantalla.

Prendes el ventilador, prendes la estufa.

Ves la hora, ¡Qué raro! ¡Apenas son las ocho de la noche con dos minutos!

El agua hierve en la estufa, las burbujas suben, colocas el pollo, esperas a que ablande. El sonido del ventilador mezclado con los sonidos que se cuelan por la ventana te pone nerviosa.

La cena esta lista, tus manos se siente duras por el jabón, rasposas.

La cocina huele a pollo, a verduras.

Pones el plato encima de la mesa, comes un poco del pollo, revuelves la sal, la mantequilla mal cocida encima de las verduras. Terminas de cenar, vas a cerrar la ventana ya hace frio. Te asomas. Está lloviendo. Te preguntas en que momento dejaste de vivir en “El mundo que era” y comenzaste a vivir en “El mundo que es”…

Cierras la ventana, pones los platos en el fregadero, les hechas agua caliente, esperando que se les quite las sobras.

Ves el reloj. Son las ocho con cinco minutos.

El día es largo, la noche más.

El frio se va poco a poco. Te acuestas en tu sofá cama, cruje bajo tu peso.

No sabes en que momento cambiaste de mundo, que acción te llevo a aparecer en el otro, que cosa hiciste para terminar en el otro mundo con tantas similitudes al tuyo y a la vez tan diferente, tan perturbador. Te levantas, miras por la ventana una última vez. Las luces anaranjadas iluminan la calle, no sabes bien a qué mundo pertenecen, pero sonríes, mientras todavía los dos mundos tengan similitudes, siempre hay forma de encontrar el camino a casa, al lugar del que saliste.

Miras el cielo, una luna es más brillante esta noche, es más brillante de lo normal, la otra en comparación se ve opaca. Sonríes, mañana seguro no va a llover.

Luces en el cielo.

Ya tengo mi boleto de regreso a México, arribando a tierras conocidas a las ocho de la noche el día veinte de abril del año en curso.

El frio me está dejando morada, los gatos ya están divagando, fuera de eso misma rutina de no hacer nada, poco a poco esperando a que los días se vayan.

Sintiéndome sola, con ganas de ir a casa, y a la vez esperando que algo salga mejor de lo que esperaba, los días fríos y con aire se llevan las nubes, las corrientes de aire despejan el cielo, debajo de las nubes se ven las estrellas. La luna no era más brillante de lo normal, pero me gusto más porque hace tanto no la contemplaba con tiempo.

Hasta un día de menos ocio.

Bonito inicio de semana.

jueves, 23 de febrero de 2012

Música (In Between Days II)

Vidas Paralelas.

Me acuerdo que me dolía la garganta. Más que el dolor de garganta todavía mi espalda estaba peor. Pero más que la espalda me urgía descansar. Llevaba más de dos semanas sin dormir bien. Estaba cansada. Si me hubiera sido posible me hubiera quedado dormida mientras cargaba mi maleta y con los ojos abiertos.

Tomar clases de alemán no me volvió más útil en todo momento, de vez en cuando se presentaba algo en lo que mi poco entendimiento de alemán me ayudaba, pero fueron raras y contadas las ocasiones.

Me acuerdo que ese día tomamos el tren. Acabábamos de llegar a Hamburgo y estábamos emocionados. Teníamos frio, llegamos temprano. La estación estaba llena desde unas cuadras antes de gente con playeras negras, mohawks, perforaciones, casas de campaña y cajas cerveza. Gente con cascos vikingos, gente con más cerveza que ropa, gente con banderas de todas partes del mundo.

Esos días, muchas de las personas que conocí, jamás pensé volver a verlos, a la fecha, han sido pocas las personas que he conocido fuera de México y que vuelvo a encontrar fuera del mismo, o con las que he mantenido un contacto regular. Las promesas a veces se quedan en un “nos vamos a ver” pero jamás nos vemos… terminan en un “Cuando vayamos a México te marco” en un “No vamos a dejar de hablar”.

Pero en ese instante nadie pensaba en eso. La estación estaba repleta de personas paradas desayunando, personas tomando café, personas tomando cerveza, y personas corriendo y gritando por todos lados.

“WAAAAAAAAAAACKEN” era el grito que principalmente escuchabas por todos los pasillos.

Aun no llegábamos al Wacken, la tierra sagrada de toda persona a quien le gusta el metal, y sin embargo la emoción ya estaba y se sentía alrededor de nosotros.

En ese entonces era el año dos mil diez.

Esa era mi perspectiva, mi viaje, mi año dos mil diez. Mi recorrido por Europa con mis vivencias.

*

Los últimos dos días de nuestro viaje a Europa los pase en un aeropuerto. Tirados cerca de los baños, con la espalda junto a la pared, una chamarra delgada, y de almohada mi back pack, sin dinero para comida, esperando el día que nos sirvieran el mal empaquetado pedazo de pan duro con mantequilla, la taza de té negro, y la lasaña o alguna pasta con pollo en el asiento del avión.
El único día que obtuvimos dinero fue cuando un chavo de Israel nos regaló su cambio.

Hablamos con el solo porque tenía una playera del Wacken. Fue en el Aeropuerto internacional de Berlín, a bastantes millas del pueblito que es Wacken.

Un día en el Cervantino, cuando íbamos caminando, venia un chico con un casco vikingo. Traía una playera del Wacken 2010. El Cervantino siempre ha sido en Guanajuato, todavía miles de millones de millas más lejano que Berlín del Wacken.

Lo primero que pensé era gritarle “WACKEN!” , pero me dio pena, la gente seguro se me iba a quedar viendo con cara de “¿Esta ebria que?”, y en medio de una ciudad en fiesta, en medio de los mares de gente con vasos de unicel, se perdió, no lo volvió a ver, ese día solo me paso por la cabeza que estuvo en el Wacken, jamás pensé demasiado dentro de eso, mas allá.

Entonces se volvió común, encontrarnos en conciertos gentes con playeras del Wacken. De cualquier año, variaban pero siempre el logo inconfundible del cráneo con las letras Wacken pintadas de negro y delineadas en verde, rojo, o azul resaltaban en cualquier lado al que íbamos. A veces cuando iba con mi chamarra verde con el parche del Wacken azul, hacía que muchas personas se me acercaran.

“No manches, ¿fuiste al Wacken?”
Esa era siempre la primera pregunta, la siguiente pregunta normalmente era que bandas tocaron, que tal el ambiente, como me la pase, que me gusto más, en cuanto salía el viaje, cosas que las personas normalmente preguntaban no variaban demasiado de eso.

*

Apenas el otro día en el Gigantour se me ocurrió, cuando otro chavo con la playera del Wacken 2010 paso caminando por donde estábamos que cuantas veces en la vida nos estaremos cruzando sabiéndolo o sin saber con personas de todas partes del mundo. Puede que su cara te parezca familiar, puede que se vieran, puede que hablaran, puede que no se hablaran, te pidiera un encendedor, te empujara en una fila, pero de alguna manera jamás vas a estar seguro de cuantas veces estamos cruzándonos con las mismas personas en la tierra.

A fin de cuentas solo estamos viviendo Vidas Paralelas en el mismo mundo, de alguna manera no me consta si con anterioridad al chico que vi con la playera del Wacken 2010 en un pueblo a las afueras de Vancouver (conocido como Abbotsford) y yo no nos habíamos visto antes en un pueblito rodeado de millones de casas de acampar, entre miles de personas de todas partes del mundo conocido como Wacken.

*

Yo sé que a estas alturas ni mi mama se explica el porqué de la música, el porqué de los conciertos, por qué mi viaje al Wacken, ni yo misma me lo explico. Se hubiera podido aprender a tocar una guitarra, a coordinar mis dedos, a producir música, seguramente a eso me dedicaría, a transmitir lo que yo entiendo dentro de las canciones, dentro de mi música, a explicarles lo que veo o me imagino que veo.

*

El Gigantour como era de esperarse fue increíble, yo creo que nunca más tendré la oportunidad de ver a Lemmy en vivo, ni modo. Motorhead es la onda, Megadeth ni se diga, la compañía excelente, y la cerveza, con palomitas me hizo la noche.

*


Gatos

Mi tío Toño les dice gatos. Mininos, gatitos. Son de diferentes tamaños. Viven en nuestras mentes. Son de diferentes razas, diferentes tamaños dependiendo de cómo les enseñamos a hacer las cosas, ellos mandan en su casa, nuestras mentes.

Mis gatos son coloridos, frecuentes a veces. Muchas personas dicen que no es normal la importancia que a veces les doy, como se manifiestan en mí a veces siento que en verdad no puede ser normal.

Soy nerviosa. Desde chiquita he mantenido un miedo muy común, algo que seguro comparto con todas las personas pero igual y no en la misma intensidad. Mi miedo más grande es morirme. Probablemente fuera del miedo que me causa el hecho de dejar de ver las cosas que simplemente conozco, cosas que sé que están en mi mundo físico, como amigos, familia, mi miedo proviene y se extiende por el cómo me voy a morir.

Desde que soy chiquita tengo miedo de ahogarme, con comida (cosas tan simples como pan, dulces de esos de caramelo macizo de diversos y llamativos colores con una pasita adentro), con agua, en el mar, en la alberca, con alimentos que mastico y mastico y nada mas no logro deshacerlos. Le tengo miedo al gas, por obvias razones. Le tengo miedo a muchas cosas, y sin embargo a veces no sé si me causo de alguna manera problemas cuando pienso y pienso en lo que tengo miedo.

Por lo menos esta semana e tenido problemas comiendo, nada fuera de lo común, lo he sobrellevado mejor que otras veces.

Dream or Be Dead.

I'd rather want everything and have nothing, than have everything and want nothing. Because at least when you want something your life has a meaning: it's worthwhile. From the moment you think you have everything, you have to search for meaning in other things. I spent half my life wanting everything and having nothing; and now I have everything and I don't want anything.

El escrito de arriba es de un documental que acabo de ver el fin de semana.

Trata sobre cómo hacen una obra de arte con basura, el artista se llama Vik Muñís.

http://www.youtube.com/watch?v=8tRt9Ia3M_8 si alguien le interesa, ese es el documental complete.

Me recuerda de todas las cosas que me propuse antes y siempre quise hacer, pero nunca hice.

A veces me doy cuenta que quiero tanto, y hago tan poco.

Se los quise compartir porque me gusto demasiado.


Desde las bonitas tierras frías de Vancouver me despido. Sintiéndome todavía como un bicho raro, esperando el calor que ya llegue pronto, estando de vagaciones, disfruto más de las cosas pequeñas, Ya quiero que el tiempo pase, a veces siento que no es suficientemente rápido el tiempo, para todo lo que quiero, a veces siento que el tiempo no me alcanza, pero de alguna manera espero que el tiempo me de lo que busco.

Ya casi mi último term comienza, a ver como se verá mi proyecto final.

Buen dia, buen fin de semana.

P.D:
Le quiero dedicar a mis papas una canción por su aniversario. Con altas y bajas, años en medio colisiones de mundos y lo que aparentemente sea una alineación de estrellas, mis papas llevan ya 32 años de casados. Supongo que lo que empezó como solo una idea, de un ¿Cómo? De preguntarse cómo sería vivir una vida juntos dio como fruto lo que ahora comparten, 32 años de casados, no cualquiera. 32 años de casados también simboliza para mi hermano y para mí 32 años de una familia estable. (Con problemas como todas las familias, pero nada que no se arreglara como la misma)

http://www.youtube.com/watch?v=kKymcIUcmmY

(Esa es la letra)

L
ay your head next to mine and we'll sleep one good sleep tonight.
fall asleep, love, to forget or to dream ... fall asleep to leave this world behind.

and i wish for you, friend, to lie down in peace and i wish for you always to know that as long as we'll dream under these stars in the sky that we've seen since the day we were born ...

... to move but don't move too fast for your dreams or your grandest of plans.

dream of nights of fireflies and skies so clear, so untouched. dream of a time, of a place for us to live, so free, so free.

just as quick as you can fall asleep.

i imagine this song being sung to a child sleeping out and looking up at the stars and realizing how large and incredible the world is. i used to get scared looking up at the stars at night because it was like looking at billions of other worlds ... it's easy to get so caught up in the gears of life (work, school, obligations, responsibilities) that we lost any sort of creative ambition or desire for ridiculous adventures, and so the only time we have to imagine is when we sleep. i originally had a line in the song that said "its so sad to only dream when you sleep," and i really think it's true. maybe if we allowed ourselves the time to take a step back and realize how wonderful our world can be (if we stop destroying it, that is) we could dream up all kinds of things for ourselves.


jueves, 16 de febrero de 2012

In Between Days,,,

¿Y si el invierno acaba?

Los días con lluvia son iguales a mis primeros días en Vancouver.

Vancouver en esos días me parecía frio, lluvioso, gris, y simplemente un lugar fuera de mi comprensión. Ahora sigue siendo un lugar extraño, lluvioso, pero las cosas no se ven tan grises todos los días, ahora estoy consciente que aunque llueva toda la semana, haga frio, y muchas veces este nublado, sale el sol, aun no calienta, pero sale y hace que los días se vean bien, le da una nueva luz por fuera de los colores grisáceos a los edificios, a las personas, a la ropa y a los colores en los que la luz se proyecta y se refleja.

¿Y si toda la muerte es tan brillante…?

Ayer estaba teniendo un mal día. De los días en los que todas las cosas te pasan, es una acumulación de todas las cosas chiquitas, desde los cólicos hasta perder algo, días que solo me desespera todo.

Entonces terminando de recoger mis cosas me fui a cenar al restaurante de comida Griega que está en Robson con Broughton (White Tower)

Ya era de noche, eran pasadas de las once.

Para sentarme es todo un relajo (Primero me tengo que quitar mi camisa de cuadritos, el gorro, la doble chamarra, ya después acomodar la mochila toda pesada, poniendo aparte mi bolsa en alguna silla) pero pasado el relajo, nada más es sacar todas mis chunches, para ponerme a trabajar en la mesa.

Lo primero que hice por ocio más que por interés, fue agarrar un tarjetón que estaba encima de la mesa, con los descuentos y promociones de la semana.

El mesero se acercó

“Es para aquí, ¿Verdad?” le dije que sí.

Vi el menú rápido, la verdad solo quería cenar, e irme a dormir sin tener que lavar platos o ponerme a cocinar. Lasaña.

“¿Qué tan grande es?”

“Es de buen tamaño” Le tome la palabra (era exageradamente grande…)

“Si, entonces tráeme esa y un vaso de cerveza”

Se fue. Me quede pintando hasta que regreso con mi comida y mi cerveza.

Todavía estaba pensando en todas las cosas que me faltaban de hacer, en todo lo que me molesto del día. El restaurante es bastante ruidoso, tienen cuatro pantallas, una con los deportes, otra con las noticias. El cantinero es bastante ruidoso, hablaba con un señor, y con los meseros. Era un señor como de unos setenta años, llenito y con una playera blanca medio transparente.

Entonces me puse a comer, la Lasaña estaba buena, cuando entro un señor con una gabardina.

Era pequeño, por su acento supuse que era Árabe.

Trae un paraguas. Parece que es un cliente frecuente, pues los aludan los cocineros a gritos y el cantinero.

Va y se sienta. Entonces le llevan las cartas, él dice que no, que lo de siempre.

Le llevan vino.

Entonces las noticias empiezan. BBC News.

Para la hora de la cena cansada, no se me antojaba verlas, pero así fue.

La nota de la noticia aquí

http://mx.noticias.yahoo.com/al-menos-272-muertos-en-incendio-c%C3%A1rcel-en-115641653.html

En la tele solo se veía cuerpos de rescata moviendo a los cuerpos de la manera más inhumana. En bolsas de plástico, cargando de muchos cuerpos a la vez aventándolos a camiones.

El señor tomaba vino, y movía su cabeza de lado a lado en negativa.

Se voltea y me dice

“Feo, ¿Verdad?” yo solo asentí. “No todos tenemos un buen día” dice él.

Ciertamente, un día mas es un buen día.

Daydreaming Again

(De los borrachos en el Tren)

“Me fui a tomar amigo, y estoy muy mal”

Obviamente toda la conversación iba en inglés. Los dos actores principales los vamos a centrar dentro de una pequeña y compacta capsula de Skytrain. Es un poco más grande que uno de los compartimientos del metro de México, los tubos son de un amarillo brillante, en vez de plateados, las capsulas son de un gris más claro que obscuro, con muchas franjas azules y amarillas. Los asientos también son grises. La escena toma lugar junto a una de las puertas, del lado izquierdo. El sujeto en si viene agarrado al tubo que está justo alado de la puerta. Tiene un gorro negro, una playera de cuadritos roja con negro y un pantalón gris obscuro. Es güero, su piel también es blanca.

Sujeto B por el contrario es oriental, sin embargo su inglés es más que perfecto, por cosas así te puedes dar cuenta de quienes nacieron o se criaron aquí en cuanto a los orientales se refiere. Algo que tienen en común es que su acento se queda, sin importar que también hablen el inglés, y a veces la forma en la que pronuncian las palabras hacen que lo que tratan de decir se quede fuera de mi comprensión, a menos que ya lleven aquí mucho tiempo sus familias y ellos ya nacieran aquí, es, entonces cuando la rapidez y claridad de su ingles te sorprende (y muchas veces te confunde). Sujeto B Trae una sudadera gris y su pelo cortito peinado en un solo pico.

Antes de que sujeto A y Sujeto B comiencen a platicar, sujeto B comenzara un platicara con los ebrios que recién acaban de entrar. Ambos, Sujeto A y sujeto B poseen un cierto grado de ebriedad, sin embargo ambos vienen solos, y eso es lo que los diferencia de los demás, los diferencia de actuar de una manera molesta, ruidosa como veces anteriores que se suben grupos grandes al Skytrain.

Este grupo es en particular desagradable. Todos venían de traje, excepto la mujer que viene con un vestido de falda corta. Traen varias bolsas del Burger King, seguramente del de Granville que está más cerca de la estación de Vancouver City Center. Lo primero que hacen al subir es agarrarse del tubo amarillo del techo, la mujer se agarra del tubo que está en el centro del vagón.

Casi no queda espacio, en si es el último Tren que saldrá hasta las seis o cinco de la mañana.

Es la una con diecisiete de la mañana, todas las personas que ocupan un lugar en el Skytrain tienen los ojos rojos, el tren huele a alcohol, a cantina.

Continuando con el relato, nos volvemos a centrar en aquel grupo desagradable.

Todos ellos tendrán alrededor de veinticinco a veintisiete años. El Sujeto X, como llamaremos al hombre que está más cerca de mí, tira su hamburguesa al suelo, todavía con todo el papel puesto. La mujer le hace cara de desagrado, lo cual causa que se empiecen a reír todos los hombres alrededor de ella.

“Agáchate tu si tanta hambre tienes”

“No es gracioso”

“Ya sé que no pero pues agáchate”

“Estoy ebria”

La voz del Skytrain anuncia que estamos en Yaletown, Roundhouse.

La mujer se agacha, todos los hombres se ríen y le ven el trasero.

“Ándale amor, era broma, comete tu hamburguesa” le dice sujeto X. Quitándole el papel a la hamburguesa y encimándole le hamburguesa a la cara al mujer. La kétchup y la mayonesa se están escurriendo, entonces Sujeto X, sintiéndose muy listo le dice.

“Amor, abre la boca” La mujer sin dudarlo abre la boca, y Sujeto X le trata de tirar la mayonesa y la kétchup a la boca, manchándola toda en el proceso.

“Vieron, vieron!” Todos se ríen en el tren. “Trágatelo, ándale si tanta hambre” obviamente a todo esto le estaban dando un carácter sexual.

Entonces todos tiran su basura al suelo del Skytrain, justo cuando la voz anuncia Broadway City Hall. Es cuando un pequeño juguete redondo sale de una de las bolsas de Burger King.

Sujeto B observa el muñeco en el piso. El pequeño muñeco se ve blanco de la parte de atrás, posee tornillos, y espirales, no está claro que es. Sujeto B sonríe al verlo, y le señala a sujeto X

“Hey! ¿Ya viste que se te callo tu sorpresa?” Sujeto X no contesta, todos voltean a verlo con una cara de ¿Qué carajos se te ofrece? Sujeto B insiste “Yo tenía muchos de esos cuando yo era chico”

Sujeto X contesta “Y seguro que todos terminaron asi…” y empieza a pisarlo, con sus zapatos formales, por las marcas podría deducir que están cubiertos de vomito. Los otros sujetos opinan que es divertido y hacen lo mismo.

Sujeto B solo sonríe, y se despide del grupo de sujetos que por fin se bajan en King Edward casi arrastrando a la mujer. Los tacones no le ayudan en definitiva.

Sujeto B no parece haberse dado cuenta de que se estaban burlando de él, sigue sonriendo.

Es entonces cuando Sujeto A y Sujeto B cruzan sus primeras palabras:

“Me fui a tomar amigo, y estoy muy mal” dice sujeto A.

Huele a cerveza. “Mis amigo, son unos retrasados, me dijeron, si , si , si, ahorita nos vemos, y entonces se fueron en camión, y me dijeron, ahorita bájate, si llegas, pero yo no llego, no sé ni en donde me tengo que bajar. Estoy muy ebrio”

“¿Y hasta dónde vas?”

“Hasta cerca del aeropuerto, tengo que agarrar un camión”

“Nosotros también vamos para allá, nos bajamos en el casino”

“Yo también me tengo que bajar en el casino, no puede ser… que buena suerte”

“Si quieres te ayudamos” Dice sujeto B, señalándose a sí mismo y a otro sujeto que anteriormente no había salido a relucir en ninguna conversación anterior.

“¿Me harían ese favor? Es que en donde yo vivo está muy lejos, como a una hora de Vancouver. Si no, no se en donde me voy a quedar, es como ir de Canadá a México.”

Eso sí me hizo reír.

“Y ¿cómo sería en realidad ir de Canadá a México?” le pregunto alguien más.

“Sería como ir de Canadá a Costa Rica, pero en lugar de llegar a Costa Rica, llegas a México”

“Ya…”

“Y cuéntanos ¿en dónde te fuiste a beber?” dice sujeto B.

“ A Funky algo…”

“¿Funky algo?... ha, es como decir Funky Town” Sujeto B se pone a bailar.”Funky, yeah baby!” mueve la cabeza de un lado a otro.

“No sé, no sé, pero sé que estoy muy ebrio y no voy a llegar, tengo que agarrar el camión en algún lado, y me fui a beber a Funky….ese lugar, Funky algo”

“¿Funky Winkerbeans?” le contesto yo

“Si, Si, Eso” Sujeto A da brinquitos de emoción “Funky esa cosa blargh blargh, ¿Sabes? Antes vivía aquí cerca, ahora vivo lejos, por carretera, lejos de Vancouver, y no sé ni a donde voy”

. Puede ser que sujeto B desde un principio, ese Sábado, estuvo destinado inevitablemente a abordar el último tren de la una con diecisiete minutos de la mañana, sin saber que de alguna manera iba a encontrarse con Sujeto A. Por mi parte baje antes, en otra estación.

Y es que Sujeto A y Sujeto B no solo fueron parte del entretenimiento de un fin de semana perdida en un Skytrain, si no también fue parte de toda una historia que se hizo en mi mente, de preguntas como ¿habrá llegado? Hasta ¿Algún día por destino nos vamos a volver a encontrar en el último tren de la noche, a la una con diecisiete minutos en esta misma ciudad? Puede que vengamos en vagones diferentes, con personas diferentes, pero desde el momento en el que tengo la capacidad de saber que existen Sujeto A y Sujeto B, puede que nos volvamos a encontrar. (Aunque sea de perdido en Funky Winkerbeans).

February on The West Coast

Sabiendo que estamos tan lejos y a la vez tan cerca ( Se siente raro saber que un Viaje en carro, un avión, y un viaje en Skytrain además de unos cuantos metros caminados, o en viceversa es lo que nos separa) Espero verlos pronto en Abril (ahora si con pasaporte) Ahora si a ver al Tutio, y a los sobrinos, a los primos, ver el moretón que según mi papa es enorme, y ver como de qué color es de verdad, si es amarillito tirándole ya a verde, o ya se le quito.

¿Mandaron todos besos al cielo en el día de la abuela y de Mariana?

Saludos desde Vancouver…

(mood: Bright Eyes)