martes, 2 de diciembre de 2014

Conjunto de recuerdos que te pueden ayudar a comprender a un Lolo un poco mejor.

Te mereces un libro entero, pero lamentablemente el día de hoy solo me alcanzan las palabras para un capitulo.
Para el papá más increíble del mundo, que nunca dejo de soñar y dejarnos soñar, que nos dio todo.



Prologo:

Estimado lector, antes de continuar con este pequeño capitulo de historias cortas que le pueden ayudar a comprender a un Lolo mejor me gustaría contarles un poco de este singular personaje:
Nació un dos de diciembre en una familia bastante diversa e inquieta. Recordemos estimados lectores que muchas veces el entorno en el que crecemos afectan la personalidad de uno y aunque si bien el gusta pretender seriedad, todas las personas que hemos vivido con el podemos comentar que si bien es una persona de carácter firme, tiende a veces a comportarse de manera traviesa y muy inquieta. Es un personaje lleno de vida, ha tenido sus subidas y bajadas, buenos días y sus días malos, pero como podrá comprobar si ha tenido la magnífica oportunidad de conocerlo eso una de las mas increíbles y excelentes personas que usted pueda llegar a conocer, los que podemos presumir conocerlo sabemos que es una persona de palabra, de esfuerzo, y sobre todo de muchos agitadores mordidos escondidos en pedacitos en tu pelo.

Capitulo 1
Conjunto de recuerdos que te pueden ayudar a comprender a un Lolo un poco mejor.

Rutinas.
En la tarde escuche el carro estacionarse.
Es más o menos tarde, porque todavía alcanza uno a ver el sol detrás de la casa de enfrente. Así que me asomo a la ventana, para verlo llegar.
Se bajo del carro todavía arreglado. Igualito que como lo había visto desde mi ventana en la mañana. La única diferencia es que viene de pants. 
¿Que porque lo estaba espiando?
Pues para verificar su rutina.
Pues mira, Por la mañana me desperté con los pies medio fuera de las colchas.
Digo, eso creo yo que fue lo que me despertó.
Ya sabes: el medio frio de Toluca que se expande por toda la casa como si en verdad viviéramos frecuentemente a menos dos, aunque claro, no voy a negar que a veces teníamos un poquito de escarcha en el pasto o en el cofre del carro, e incluso en el invierno tiene uno que prender el carro y esperar a que el motor caliente. Pero que yo recuerde, ese día no era el caso.
 A veces cuando charlamos sobre el calentador que nunca usamos en la casa hasta que es Diciembre nos decimos medio de broma que hace mas frio adentro que a fuera.
La noche anterior yo había dormido envuelta en una bata azul con blanco ya medio vieja, una pijama rosa de las chicas súper Poderosas. (Era más bien un rosa pastel despintado y manchado de gris por la secadora) y unas calcetas rosa Mexicano extremadamente grandes y anchas.
Pues bien no sé como maniobre en la noche que desperté sin calcetines y con los pies fríos.
Después de meter lo pies dentro de las cobijas me vuelvo a enroscar en mi cama, en ese momento de pereza que medio pensaba en volver a dormirme pero también media mis ganas de levantarme, escuche los crujidos de las escaleras.
Antes me sabía de memoria los crujidos de cada escalón, los memorice cuando de mas chica quería bajar yo a la computadora a escondidas o a robar un Yakult del refrigerador. Me sabia cuales había que saltar, cuales había que caminar por los lados pegado uno al barandal y cuales había que solo pisar rápido.
Y es cuando no me lo tengo que imaginar si ya me conozco su rutina (Aunque claro, como todo en esta vida la rutina a veces varia y por ende yo debo de verificar la rutina.)
Va bajando con su termo en la mano, de eso estoy segura. Aunque claro puedes ser la botella transparente de Gatorade, a fin de cuentas, ¿qué se yo? Bueno Yo se que siempre se agarra del barandal a la hora de bajar.
Miro el reloj y por la hora se que baja a desayunar para ir directo a la oficina.
Siempre que lo imagino desayunando me acuerdo de su Licuado de plátano sin plátano y me dan ganas de reírme. Aunque no me rio porque si no se va asomar Lola y aun no estoy lista para empezar el día. Atrasito de él escucho a Lola. Lo sé porque sus chanclas resuenan casi tan alto como sus tacones. Me pregunto si le va a preparar a mi papá otro licuado de plátano sin plátano, o si alguna vez  Lola le preparo licuado de Mamey sin Mamey.
Después de un rato de maniobrar abajo escucho por fin la puerta  de la entrada crujir y luego azotar por la corriente de aire que se hace. Me levanto de un salto de la cama  me aviento a la ventana.
"HEY papá!!!" le grito yo mientras se arruga la persiana.
"Que haces despierta  a estas horas?" dice él mientras guarda su maleta del club en la cajuela. "Hoy seguro que no tiene junta, porque no va de traje" pienso yo mientras el empieza caminar a la puerta del conductor. Lo que significa que Papá no viene a comer en la casa hoy.
Va con una camisa de cuadros que se ve abajo del suéter rojo vino y unos pantalones café claro. "Ya ciérrale que te va a hacer daño, además estas arrugando la persiana y se va a enojar tu mamá" dice el.
"Te iba a decir que tuvieras buen día" le grito yo.
"Gracias, tu también, hablamos en la tarde"
Ese día a las seis y algo de la mañana me da un poco de frio nada mas el estar en la ventana, pero siempre me quedo pensando que Lolo se levanta todos los días temprano para ir al club y al trabajo y no sé como lo logra.
(Lola dice cuando él se va al club a las cinco y algo de la mañana que mi papá es parte del club de los Loquitos.
"Están todos locos" dice ella mientras papá le explica que hay mucha más gente que llega a esa hora también. "El otro día no nos querían dejar entrar, que porque era muy temprano" dice él. "Estan todos bien mal" dice ella mientras yo me empiezo a reír.)
Yo apenas si puedo levantarme a la escuela y me toma horas arreglarme y jamás logro verme tan presentable como lo hace Lolo a diario.
Rutina de fin de Semana.
Los sábados en la mañana por ejemplo se levanta bien temprano. Dependiendo porque a veces la rutina varia y Lola es la primera en despertar.
Ese día por ejemplo, es el.
Lo sé porque escucho como crujen las escaleras, y escucho sus chanclas que si son bastante ruidosas, así como que arrastran, pero no tanto como las de Lola. Y yo envuelta en mis cobijas y con los pies medio fríos me lo imagino bajando con su bata de rayas blancas y grises, con su pijama de pantalones azul clarito con blanco y su camiseta blanca. Seguramente baja con la botella de Gatorade o su Termo, dependiendo del día.
Ese día bajo a ver qué está haciendo y me dice el
"Porque estas despierta tan temprano?"
"Nada mas quería ver que estás haciendo"
"Solo baje por agua, voy a subir al baño y te hago de desayunar cuando baje" dice el "Subes a ponerte chanclas que te va a ver tu mama y se va a enojar, además el piso esta frio y te vas a enfermar" me dice mientras sirve agua en su termo en una cocina de la esquina. El garrafón retumba con el agua.
Salto de dos en dos las escaleras hasta mi cuarto, mientras Lolo sube lentamente haciendo crujir todos los escalones.
"¿Quieres que te haga huevos?"
Cuando bajo papá ya tiene el desayuno listo.
Osito Blanco.
"¿Todavía tienes a ese trapo?" Me dice él con su sonrisita burlona detrás del periódico. Se ve tan diferente con lentes, mucho más serio.
"Ya sabes que si, si duermo con él a diario" le digo yo mientras abrazo a mi oso sentada en el sillón.
Puki y yo estamos viendo Supernatural por noventava vez, los dos tapados abajo de la colcha, con dos botes de palomitas ya casi sin nada. Papá está en el sillón leyendo el periódico. A ratos se come una palomita de nuestros botes, y luego como si nada sigue leyendo el periódico. Normalmente si le interesa lo que estamos viendo se queda un rato y luego se va a su cuarto.
Si no le importa mucho el programa, se levanta y se lleva unas palomitas en la mano.
(Si Lola lo ve siempre le dice:
"Jorge, si quieres palomitas sírvete en un plato" Si no está Lola solamente agarra un "bonchesito" y se las come de camino al cuarto, después aplaude como para tratar de quitar las migajas o la grasita dependiendo de la botana.)
Después de un rato en el que solo se puede escuchar la televisión, escucho como cambia de pagina. Se quita los lentes y después dobla el periódico y lo vuelve a poner en la canasta a lado del sillón.
"Sabes para que estaría bueno ese trapo?" Me dice mientras come mas palomitas.
Mi hermano solamente se empieza a reír.
"Para bolearme mis zapatos!" dice él mientras me arrebata a mi oso.
"PAPÁ!! " le grito yo. Y el avienta al oso al piso de abajo mientras se ríen él y mi hermano. Y mientras corro y salto las escaleras yo solo pienso que papá sigue siendo un niño chiquito.
Rodillas.
Papá jugaba futbol hasta que se lastimo la rodilla. El hecho de lastimarse la rodilla no lo detuvo de de vez en cuando patear un balón. Si bien ya no corría tanto (Tuve que realizarse que yo recuerde mínimo dos operaciones) a veces en casa de la abuela con mis primos y mi hermano el todavía nos echaba "Cañonazos". Me acuerdo porque aun con los guantes de mi hermano las manos nos quedaban rojas y yo se que a papá le daba risa.
A veces cuando estaba yo viendo tele y el llegaba del trabajo me decía:
"Ponle al ciento seis nada más para ver cómo van"
Bicampeones.
Iba mi papá  al estadio con mi hermano y con mis tíos. Nosotras íbamos a casa de mi tía si iban al Azteca, o a veces los esperábamos en casa de la abuela. Nosotros siempre teníamos botana, ellos tenían sus cervezas y sus historias del partido y de la gente.
La única vez que estuve tan contenta de escuchar algo futbol en esos días fue el día que Pumas se volvió bicampeón. Fue un día de "interclubs" y la verdad es que no recuerdo si estábamos en Sayavedra o en Santa Mónica, o en alguno de esos clubs. Solamente recuerdo papá mordiendo las orillas de un vaso dando vueltas de la cafetería a las canchas. Estaba con Luis Flores platicando, y después de salir los dos de la cafetería con otro vaso mi papá abrazo a mi hermano. Luis Flores le dio la mano a mi hermano, me volteo a ver alegremente y me dijo: "Mira, que bueno que ya son campeones".
La verdad es que yo no entendía mucho, pero papá estaba muy contento y por ende yo estaba muy feliz de que fuéramos Bicampeones.
Al día siguiente le pregunte a mi amigo en la escuela que de que iba todo eso de ser bicampeones.
Pasado.
Abuela José siempre dice que llora de pena, pero sabemos que se ríe de todas las cosas que pasaron.
"Y siempre tenía que vomitar Jorge" dice la tía José sentada en el sillón, un poco doblada por la risa "Y nada mas escuchamos: Mamá! Jorge todavía no vomita y ya se nos está haciendo tarde!" Y todos se ríen.
Reconocimiento.
Le aplaudimos mucho desde nuestra mesa en la Torre de Chrysler de Santa Fe.
En el video al final sale mi papá en su escritorio en la oficina, tocando una batería imaginaria con dos lápices cantando una canción. Todos en el salón se ríen.
Me gustaba mucho caminar en Chrysler con mi papá, porque todos los saludaban, en el comedor, en las explanadas, en las oficinas, y en la caseta.
"Buenos días Licenciado" decían todos, y le contaban cosas a mi papá de sus familias, a veces le daban las gracias por algo, o le preguntaban de la nuestra. Me daba la sensación de que papá podía entablar amistad con cualquiera.


domingo, 30 de marzo de 2014

3 años (un fragmento de como tengo a veces que asimilar la realidad...)



Oficialmente ya cumplí los tres años en Vancouver.
Un veintiocho de marzo venia yo viendo desde arriba pequeños parches de nubes pintados de todas las gamas de blancos. Viajaba yo en uno de esos aviones de Air Canadá y mi destino final era una ciudad que según los panfletos estaba en medio de bosques, montañas nevadas y a la vez el mar.
La cuestión no era mucho el a donde iba de viaje. La cuestión era que en uno de los compartimientos de la parte baja del avión había una maleta que contenía casi toda la ropa que alguna vez estuvo en las tablas y cajones de madera de mi vestidor.

La cuestión era que esta vez no iba de viaje, yo me estaba mudando.
La verdad hace tres años yo no lo quería ver así.

Los meses anteriores a esta transición fueron rápidos. Lo que vino después no.



un fragmento de como tengo a veces que asimilar la realidad...


29 de Marzo
Parte I
Hey you! Stranger!

Fue un veintinueve de marzo, tres años después de es día que ella me vino a buscar. Me marco por Skype una semana antes de llegar. El problema de ella es que ella es así: Esporádica.
Una vez terminada nuestra llamada me quede pensando aun mirando la pantalla. ¿Tenía yo la fuerza y la intención de volver a verla?
Por primera vez después de tanto tiempo de desconexión entre ella y yo habíamos hablado y la verdad es que  yo no la reconocía, no la distinguía muy bien entre la baja calidad de la imagen y  la oscuridad de su cuarto sin embargo eso solo acentuaba algo que yo ya sabía: Ella y yo habíamos cambiado mucho en estos tres años de distancia. La plática fue muy breve. Me informo que venía a verme, que quería hablar de todas las cosas que habíamos ella y yo dejado pendientes. Tenía una semana en Vancouver y que nos veríamos el veintinueve de marzo a la entrada de Waterfront Station.


Waterfront Station me parecía un lugar sensato para vernos, nada demasiado intimo y además todas las pequeñas cafeterías "Nice" estaban en Gastown, que era el área en donde está localizada la estación. Aun no quería comentarle en donde vivía y ni con quien. Todo en mi mente indicaba que era un gran plan el estar juntas en algún lugar más público, mas el día que nos topamos de nuevo cara a cara de solo verla hasta se me fue el aire, y con eso todo los planes volaron al aire. Fue uno de esos momentos en los que uno siente que una persona está fuera de lugar. La vi tan cercana a mí y a la vez solo pude pensar que ella no encajaba, sobresalía demasiado en Vancouver que de alguna manera era como "Mi ciudad".
Ella me observaba callada
Después de saludarnos un poco a la defensiva empezamos a caminar. Le sugerí que fuéramos a comer a una de las pequeñas cafeterías, pero ella solo me dijo que yo ya sabía ha donde tenía que llevarla. Se acomodo la capucha de su sudadera negra y cruzo los brazos frente a ella. Suspire.
No sé porque pensé que la dinámica entre nosotras sería diferente.
“El otro día en la escuela nos enseñaron un video de algo que me pareció interesante” le digo. Estoy tratando de llamar su atención.
Tiene mucho tiempo desde la última vez  que siquiera nos hablamos y estoy tratando de romper ese hielo inicial en la conversación. Una amiga y yo la llamamos a esta plática tan especial, la conversación "awkward". Es una de esas conversaciones en la que nada es fluido, como dice mi mama uno tiene que sacar respuestas como tirabuzón.
 
“Chido” me dice ella. No me extraña que este mas silenciosa que de costumbre. La conozco tan bien que se que no está feliz de verme.
 Se acomoda el pelo de tras de la oreja izquierda con el pulgar. No queda conforme ya que su pelo regresa a taparle parte de la cara después de que una corriente de aire choca contra nosotras. Ella mira a los carros furibunda.
Muchas de las calles de Vancouver en comparación con las calles en Metepec son muy amplias, además el trafico casi siempre es fluido. Sin embargo por esta área cerca de Gastown algunas de las calles se vuelven mas pequeñas, y si llegas a recorrerlas hasta el final casi todas terminan en pequeñas áreas en donde puede uno estacionar su carro, más o menos a la altura de Water Street.
En esta calle en particular por la que paseábamos ella y yo (llamada Cordova Street) siempre hay una que otra ráfaga de aire que gusta de revolotear por tu cabello, ropa y papeles importantes (Es por experiencia personal que hablo). Estas provienen ya sea de alguna de las ventilas de las tiendas que están repartidas por esta calle, o de las maquinas de reparación que se mueven de lado a lado arreglando algunas brechas entre Cambie y Cordova. Fuera de eso, y los inexactos y e indiferentes pasos de los homeless que pasean por esta área, me gusta mucho Gastown, es una de mis partes favoritas de Vancouver.
Mama tiene guardadas unas fotos de mi cuando era pequeña cerca del reloj de Vapor, uno de los elementos distintivos de Vancouver que está justo en esta Área. 




Esa foto data de un año dos mil (¿Tal vez dos mil algo?) Quien diría que años más tarde estaría paseando yo frente a ese mismo reloj, a deshoras de la noche con la esperanza de tomar algo del Starbucks que está justo en frente de el, tratando de mantenerme activa para las siguientes horas (y deshoras) de trabajo.
"¿Y luego qué?" Me dice ella en una voz un poco alzada, para llamar mi atención.
Me doy cuenta de que no la he dejado de mirar.
 Es entonces cuando medio malhumorada ella, se quita la capucha y recorre todo su pelo para atrás.
Con sus manos agarra los mechones del poco pelo que le queda en una coleta mal hecha. Se le ve desganada.
Ella es un estropajo de colores.
Vuelve a cubrir su pelo con la capucha. Me hace una señal, un ligero movimiento de cabeza hacia la derecha que quiere darme a entender que camine junto a ella.
Camina ella con las manos en las bolsas, con sus botas siendo estrepitosas contra las coladeras y las envolturas, en si la suciedad regada en el piso de ciudad. A veces me pregunto si ella lo hace a propósito, como matando miles de hormiguitas a su paso pensando en desatar el caos. Tal vez solo le pesan las botas, y la fuerza de los casquillos rebotando con el cemento no sea algo intencional.

“Y qué  ¿te vas a apurar o solo vamos a seguir hablando afuera? Me prometiste que saldríamos a un bar, llevo toda la tarde esperando el bendito bar.” Dice ella mientras sus manos bailotean sobre sus bolsas. A pesar de la distancia que pusimos entre nosotras la conozco. Se lo que busca. Busca una cajetilla aplastada entre sus bolsas atiborradas de colillas mal fumadas, y cigarros despedazados. Es una costumbre compartida entre nosotras: el guardar cada colilla en nuestras bolsas.
“Si quieres fumar, fuma de los míos, estoy tratando de dejarlo” Le digo.
Ella suelta un silbidito y una risotada que no esconde en lo mas mínimo el tono de burla. Se baja la capucha de nuevo y el pelo se mueve de lado a lado con las nuevas corrientes de aire.
“Sale pues, regálame un cigarro” Caminamos unas cuadras mas, Ella malhumorada peleando con el encendedor y yo pretendiendo que no lo noto. Trato de mantener la mirada fija en el local de la esquina y su pequeña marquesina.
La Gallina Punk tiene una vieja marquesina decolorada por la lluvia y pintada con el polvo y suciedad. Es pequeña y cuadrada, con unas letras de neón que dejan leer en verde "Gallina Punk, est. 2002" cuando están encendidas. Esta delineada con unos cuantos focos rotos y despintados . A la izquierda del bar se encuentran dos pequeñas cafeterías de cristales limpios y personas pulcramente vestidas, mientras que la fachada de la Gallina Punk esta atiborrada de panfletos mal pegados y rotos. El semáforo y los postes que están en seguida de la vieja puerta negra por la que uno entra, también están forradas de posters, panfletos y chicles coloridos mal masticados que la gente gusta de pegar por doquier.
"...ya se llevaron el poster ese que a ti tanto te gustaba" me dice ella mientras exhala el humo por la nariz y observa fijamente la entrada.
"De seguro fue una de esas borrachas que se ponen medio mal cada que se toman algo" le digo yo tratando de no reírme. Ella suelta una risita, mientras niega bruscamente con la cabeza.
"¿Ahora me vas a decir que ya ni tomas?" Se queda ella mirando la entrada, entonces como lo aprendimos la primera vez que estuvimos juntas en Vancouver, ella se acerca a la entrada y jala la pequeña horca que se encuentra afuera de la entrada del Bar y segundos después se oye un alarido.  Un chico muy pálido y flaco sale a recibirnos. Después de checar nuestras identificaciones nos deja pasar.
La Gallina Punk es tal y como la recordaba.
Las paredes recubiertas con fotos de mujeres semi-desnudas  y sus posters de promociones de cerveza es lo primero que vemos al entrar. Justo enfrente de la entrada, a unos cuantos metros esta una barra pequeña echa de madera que está atascada de vasos de diferentes tamaños, por experiencia ya sabemos que son de plástico, además una vez nos comento la señorita de la barra que siempre al final de la noche casi todos sus vasos desaparecen. Tiene mesitas viejas de plástico que tienen sobre de ellas un estampado simulando ser madera, y pequeñas sillas con los colchones machacados. Todo esto repartido en un espacio muy reducido. Al fondo en la esquina izquierda tienen un pequeño escenario y la entrada para los baños (de puertas destartaladas aunque misteriosamente siempre hay papel de baño) mientras que a la derecha tiene una pequeña pista con pilares que impiden que uno vea el escenario de todos los ángulos (y a veces en el mosh te permite estamparte en alguno)
"Nos pedimos una jarra y platicamos?" le digo a ella.
"Tu camina, yo te sigo".
Esta medio vacío el lugar aun. En algún poste en Granville recuerdo haber  visto un poster que decía que tendrían hoy un evento, pero parece ser que a las cuatro de la tarde nadie se para por aquí.
"Ya sabes que en Vancouver solo te manejan sus cervezas diluidas" le digo mientras nos sentamos y me quito la chamarra.
"Y bueno, si no te digo que venía a verte ni me llamas. ¿A qué se debe este misterioso acontecimiento de que me dirijas la palabra?"
"Aunque no me lo creas muchas veces pienso en ti, y justo antes de que me llamaras estaba pensando en escribirte, ya tenía mucho que no sabía de ti" La mentira era tan grande que yo sabía que no la podía engañar. En cuanto esas palabras salieron de mi boca me di cuenta de cuantas cosas había dejado yo suspendidas sin principio ni final.
"... claro, mas de dos años" Me dice ella.
Por fin nos quedamos las dos calladas. Trato de evitar el mirarla directamente. Me incomoda toda vía tener contacto visual con ella. Empiezo a juguetear con mi vaso de cerveza.

"Quien lo iba a creer, honestamente ni yo te reconozco" Dice ella mientras me escudriña con la mirada. "La última vez que nos vimos básicamente éramos lo mismo tu y yo. Lo último que supe de ti tiene más de un año, ya sabes con eso de que me dejaste de escribir y de hablar no se qué tantas cosas sean nuevas contigo" Lo dice de una manera despectiva, pero en su voz puedo escuchar un poco de la antigua "Ella" y se que muere por preguntar.

"¿Que te puedo decir? ¿Qué es mi culpa? Si, tienes toda la razón. Tres años es mucho tiempo, lo entiendo pero también espero que comprendas que desde que llegue todo se volvió, diferente..." Me quede pensativa. "En tres años me enamore de muchas cosas, ideas que frecuentemente tu y yo compartíamos. Me enamore de Vancouver después de tanto tiempo, y de verdad créeme cuando te digo que este amor es algo que me costo "
Y la verdad es que si.
Justo el primer año después de las subidas y bajadas que tuve, una persona con la que en algún momento tuve una relación cercana (una de esas tristemente, relaciones raras) y yo platicábamos. Esa noche era una de esas noche en las que él me hablaba para ir a caminar (la ruta nocturna para caminar normalmente era de Howe al Subway de Granville y después todo Granville para volver a la altura de Georgia.
Teníamos una forma muy "curiosa" de evadirnos (Entiéndase que nos frecuentábamos demasiado, y buscábamos encontrar limites y entablar una relación entre dos probables adultos que se querían. él porque decía que me amaba pero que no quería lastimar a su novia ni a mí, yo porque decía que me atraía, pero no quería que el lastimara a alguien por mi)
Esa noche, como todas las otras que tuvimos el y yo fui a esperarlo abajo de su departamento. Yo estaba muy triste. Fue la única vez que le llore a alguien sobre ese tema. Mientras nos sentamos a fuera de la fuente de la escuela (En Pacific con Burrard) Le dije cuanto odiaba el tener que vivir en Vancouver, odiaba a las personas que había conocido, odiaba que poco a poco todo se había complicado, con mi ayuda y también a veces sin ella, y sobre todo odiaba Vancouver. (Y de paso lo odiaba a él)
Vancouver para mí era solo eso: un reflejo de todas las cosas malas que me habían pasado.
Entramos a su departamento cuando termine de fumar ("Sube a limpiarte los mocos" me dijo mientras se reía de mi apariencia, tratando de alivianar la situación.) Y nos acostamos en su cama a platicar mi situación.
"Mira" Me dijo mientras estábamos los dos mirando el techo. "Tu situación actual no es buena, y lo entiendo, pero date cuenta que no es la ciudad. Si estuvieras tu en algún otro lado, llámese Chicago o Japón, tu actitud y tus acciones son los que desencadenan esto, no una ciudad. La ciudad es un conjunto de personas, no un montón de acciones."

Ella me mira fijamente. Me doy cuenta de que he estado callada por un tiempo.
Como siempre la veo juguetear con las perforaciones de sus labios.
"Bueno, te enamoraste de Vancouver, ¿Y luego? ¿Ya te quieres quedar o cual es el plan?" Le da un largo trago a su vaso. "Mira, no es por querer presionarte, pero ¿si te acuerdas de todos nuestros planes? Te vas tres años y de repente ya eres otra persona completamente. Quiero darme cuenta que en el interior aun tenemos los mismos intereses tu y yo. Siempre me dijiste lo mismo, cuando estábamos juntas y paso todo lo que nos tenía que pasar, decías que era para poder auto descubrir quienes éramos, que para que tu pudieras llegar a ser tu. Y mira en donde estamos el día de hoy. Entiendo que para ti yo solo soy el reflejo de lo que veías tu cuando eras esa niñita según tu sin experiencia pero si lo vez de esta manera, hoy tu no serias la que eres si no hubiera estado yo"

La cosa es así:
Ella tiene razón.
Suspiro.
"A veces me pregunto porque te idealizo tanto. Porque siempre que nos vemos siento que eres mi aspiración, eres ese algo que quiero y no puedo tener. Sin embargo no tienes nada positivo que darme" le digo mientras tomo la cerveza. Sabe amarga, es un amargo raro y diluido en demasiada agua. La cerveza de barril que nos sirven es muy ligera y mala.
Sonríe un poco mientras termina de tomarse el ultimo chorrito de su vaso.
"Velo de esta forma, soy todo que alguna vez quisiste ser. Como comentabas hace rato, yo soy ese remix del remix de lo que a ti te gusta." Sonríe. Ella siempre ha sabido de lo que habla.
Siempre ha habido en ella cosas que me molestan. Más que nada me molestaba que yo no veía en mi lo que yo veía en ella. Porque desde el momento en el que ella y yo nos conocimos ella y yo habíamos sido tan diferentes. En ella veía yo la energía de una persona fuerte, con una voz potente que se deja escucha, que no le da miedo decir sus cosas. Supongo que debajo de todo ese maquillaje que a ella le gusta, sus playeras negras ,y esos tatuajes que le recuerdan todas y cada una de las cosas tanto listas como tontas en las que fallo y gano de todas esas experiencias que ella y yo compartimos, que de alguna forma yo esperaba que  se vieran reflejadas igualmente en mi. Mas no. La cosa es esta, en ella yo veía todo lo que no era yo.
"He tenido un año difícil" Le digo "El dos mil trece no fue mi año" Le digo y suspiro "Mirando en retrospectiva hice algunas cosas bien. Termine la escuela al fin" Le digo con una media sonrisa.
"Pero no estás feliz..." No es pregunta, su tono es una afirmación.
"Supongo que no, como todos en esta vida, muchas de las decisiones que tome aun me entristecen, algunos sucesos de mi vida aun se repiten eternamente en un "loop" por así decirlo, son como una película en mi mente en donde yo tomo otra decisión, hago otra cosa o actuó de otra manera, y por ende me da un resultado completamente diferente, ya sabes los vicios de mi imaginación"
Y esto me lleva siempre a pensar que debería amar a Vancouver por que aquí fue donde también lo conocí a él.
 A veces me doy cuenta que de que a pesar que el ya se fue hace mucho tiempo de Vancouver y que las cosas que pasaron entre él y yo pasaron en un periodo muy corto de tiempo hablo mucho de él, pienso mucho en él y sin importar que físicamente el y yo no existimos en el mismo lugar en este momento  siempre lo siento presente. Es un poco triste y un poco tonto el vivir enamorada de una idea supongo.
"Otra vez te vas a poner a pensar en el, ¿Verdad?"me dice ella, sin embargo sonríe "Yo también lo extraño mucho. Extraño toda la idea de estar juntos, supongo. Extraño el cómo era él, y el cómo eras tú con él. Siempre que te vi con el tenias una energía muy diferente, te veía menos preocupada en tus miedos extraños y tus paranoias y te sentía un poco más alegre."
"A Vancouver si le tengo que agradecer el si quiera haberlo conocido supongo" suspiro.
Lo conocí en un bar en Robson de la manera perfecta: en una noche de cerveza y Turbonegro.
"Pero esas son glorias pasadas,  María, no tiene caso recordar el paso de tiempo con melancolías"
Le sirvo otro vaso.
"Te he visto diferente, te he visto mas espantada del paso del tiempo" me dice ella mientras se mira las uñas "Te manejas diferente...Maria"

"Si alguien me conoze, eres tu Lupita" le digo en tono de burla.
Nos sonreímos.
Cuando en las mañanas me veo por primera vez en el espejo me trato de sonreír. Es una acción un poco difícil, sobre todo cuando uno aun esta medio dormida y la necesidad primaria de ir al baño al despertar me lanza fuera de mi cama alrededor de las nueve.
Con el tiempo he visto como mi sonrisa se deterioro. Ahora luce seria, diferente.
Ella sin embargo aun la veo yo tan jovial. La veo bien y relajada, tranquila como yo siempre he querido estar. Y cuando sonríe veo la calma, la alegría que yo sustituí por seriedad y por estar siempre espantada del simple hecho de vivir.
"Me encanta verte feliz" Le digo "Pero me es muy difícil apreciar y reciprocar tu felicidad cuando yo debería estar así de feliz como tú lo estas ahorita, Lupita"

"Puedes estarlo, tú me lo enseñaste, para ser feliz necesitas solamente volver a tu balance, ese balance es algo que no soy ni yo ni tus dudas y miedos" Me dice ella mientras le da un largo trago a su cerveza, mientras baja su vaso hace una cara de disgusto al pasar el último trago de cerveza "Después de todo yo soy solo quien tu quieres ser, yo solo soy un reflejo de lo que tú siempre has querido ser Maria" Me dice ella, y sé que tiene tanta razón. A veces olvido que el hablar conmigo misma es todo un viaje de introspección.

Fin Parte I

30 de Marzo del 2014
Iba a poner esto desde el veintiocho.
Estoy muy contenta de haber por fin cumplido los tres años en Vancouver.
Gracias sobre todas las cosas a todos ustedes por el seguir apoyándome, a pesar de que estamos lejos, incluso un solo mensaje en facebook me alegra el día y saber que todavía sigo en sus pensamientos.
Este año para mi empezó con muchos cambios un poco fuertes, por eso un día cuando me volteé a ver al espejo y no me reconocí me espante. (Mi mama se ríe pero en verdad es muy gracioso y a la vez raro proyectar a tu mama para muchos aspectos...) Y si, evidentemente como siempre sufro los cambios, pero de que la llevamos, la llevamos.
Todavía espero con (im)paciencia un trabajo. Estoy tratando de encontrar un balance en seguir trabajando en mi portafolio, y no perder la cabeza pensando que nadie me ha hablado ni para decirme que no.
Con un beso enorme (esta vez sin olor a cigarro) y un poco frio (tengo la ventana abierta con la esperanza de que se termine de secar mi ropa que salió húmeda de la secadora...) me despido. Como todos los días los pienso desde un pequeño departamento y enfrente de una lap top.

viernes, 4 de octubre de 2013

Buen viaje Luisito.



Con mucha tristeza a pesar de que no me guste externarla empiezo a despedirme de ti.

No sabía cómo escribir esto, estuve mucho tiempo pensando que ponerte.

Ayer Lola me dijo que todavía te hablan y te cuentan cosas porque los doctores dicen que lo último que se pierde es eso, tu capacidad de oír. Yo honestamente no sé si sigues en algún lugar de tu cabecita o ya te fuiste de paseo. 

Curiosamente los médicos les comentaban ayer a los que estaban contigo que a veces a las personas les cuesta irse cuando sienten que aun tienen pendientes. Dice Lola que por fuera de los avances de la ciencia y todo a veces estas cosas pasan, entonces puede que tu estés esperando algo. Siento por lo que me cuentan que puede ser que estuvieras esperando a Pata y a Amalia.

Mira, te cuento, porque tiene mucho tiempo que no platicamos (Creo que desde la última vez que hablamos por Nextel antes de que yo fuera a México, que me dijiste que estabas desayunando con un "Paisano mío" ) Hace unos ayeres cuando se fue la Abuela me quede un poco sentida con la vida.

La cosa es esta: en todos los medios audio visuales que me han influenciados durante todos mis años de vida siempre ponen ese algo que trasciende por encima de vida, muerte, tiempo, espacio. ¿A que me refiero con esto? Que en una película cuando alguien se va te romantizan el momento. Ese momento en el que esa persona sigue aferrándose a la vida y se despide de sus seres queridos. Que en algún lugar de la casa se detiene un reloj, a la hora en la falleció, O que de repente se escucha una voz diciendo adiós. Honestamente con lo que estudio estoy plenamente consciente que todas estas cosas las hacen para poder dar a entender un punto en una película, recalcar algo que quieren dejar claro y a veces creo que aun sabiendo todo esto espero cositas así en la vida real, fuera de mi pantalla y mi película, y ¿Sabes? por mucho tiempo estuve sentida con la vida que nada "Místico" pasara cuando se fue la abuela a mi alrededor. No la escuche decirme adiós, o no sentí que me diera un beso. Me acuerdo que no la vi. Me hablo mi mama y me dijo que ya se había ido. Me paso lo mismo con Marianita, también solo me dijo Lola que ya no estaba y eso fue todo. Mi mundo no se detuvo, no la escuche pasar, en si no paso nada fuera de lo normal. En algún lugar de mi cabeza procese esa información y muy a mi pesar la vida continuo.

Entonces por algún lado debería de estar agradecida de poder de alguna forma decirte adiós pero es que la verdad no soy buena con las despedidas. 

La cosa con la muerte es que a veces es aunque esperada es algo repentino. Algo que pasa día a día y sin embargo nos llega de sorpresa.
Adiós es una palabra muy grande y tiene mucho peso.

Le pedí a una amiga que te escribiera de mi parte porque mi mama dice que ya no va a llegar si la mando desde Canadá.
Te pensé algo cortito y conciso como se que te gustaría, no como esto que la verdad no solo es para ti sino también para mí que traigo un revoltijo en la cabeza. 

Ahorita que te quiero escribir como que todas las ideas se me juntan en la cabeza, te quería contar que se me hacia curioso que ustedes conocieron al papa de Marianita cuando les diseño la escuela y de alguna forma me ganaste y tu vas a ver a Marianita antes que yo. 

Me imagino que tu ya has de sentirte mucho mejor.  
¿Sabes? Siempre me chocaba escuchar cuando las personas comentaban que ya te veían muy mal, pero esa es la cosa. En algún lugar de mi cabeza como le comentaba a una amiga lo que menos quería es que tú te fueras. Por un lado tenía yo la información de lo que les contaban a mis papas, fueran tus hijos, o mis tíos o los doctores. Por otro lado con todo y todo lo que te paso y tuviste que hacer y pasar y todas las vueltas que te diste al hospital seguías luchando día a día y a veces todos te veían sentirte tan mal, había días que te veían tan decaído y otros tan normal que no me gustaba que dijeran que tal vez ya era hora de que te fueras. Todavía la última vez que hable por Skype con mama me moleste un poco con ella porque dijo que ibas a estar mejor descansando. Y esa es la cosa, que tal vez las personas tenemos que aprender a decir adiós. Lo que pasa es que insisto, en este mundo en donde queremos a veces buscar sentirnos mejor los que nos quedamos, y quitarnos un poquito la soledad nos aferramos a que tú te quedes y además a que un Deus Ex va a salir de la nada y te ibas a mejorar, que en un mundo ideal así es como debió ser en primera, que no te enfermaras. Lo que pasa es que a veces lo que está fuera de nuestro control es difícil aceptar y de verdad quien iba a pensar que todo iba a pasar tan rápido.

Hay una tienda de Comics en la que a veces paro. Se llama Golden Age y esta abajo de un lugar de conciertos llamado the Commodore. Comparándola a las tiendas de este tipo en México es muy grande y tiene comics de todo tipo. Un día había un comic que te quería comprar pero no te lo compre. Trataba de un chavo que combatía el cáncer y era un súper héroe. La verdad no te lo compre porque no sabía si lo ibas a leer o te iba a interesar. 

Me estaba acordando que tu tampoco eres muy bueno con las despedidas. Me acuerdo mucho de cómo nos reímos cuando Pata nos contaba de la vez que la fuiste a dejar al aeropuerto. Es una de esas historias divertidas que me hacían reír mucho, como todas las que nos contaban del Luisito que yo no llegue a conocer. Mis amigos de Canadá y México también te conocen por lo que yo les contaba de ti, a veces sienten que las invento. Les conté de la vez que querías que siguiera siendo de noche para las vecinas que los llevaban a la escuela y les pusiste mole en las ventanas. Les conté del tupper del Palacio de Hierro en el escritorio como les conté de los balines y los chongos. Les conté del Luisito que no llegue a conocer, el Luisito que fue antes de que yo lo conociera.   
   
Yo se que te vamos a extrañar todos mucho. Tus muchachos te van a extrañar mucho igual que tus chicas. Mucho mas ellos que convivían contigo, y que te conocieron mucho más de lo que yo llegue a conocerte. Tus hermanos que estuvieron contigo desde siempre. Van a extrañarte todas las personas con las que conviviste. 

Después de pasar bastante tiempo pensando en estas y otras miles de cosas que te quería decir solo te puedo desear un excelente viaje, sea o no sea un cliché, efectivamente "Después de la tormenta viene la calma" y tú ya pasaste por toda la tormenta que aunque si todos estuvieron acompañándote ninguno podía ayudarte con tu carga. Ahora te toca la calma.
Te quiero y muchas gracias por todo. Lamento no poder estar allá para despedirnos como es debido.
Un beso enorme con mucho amor, deseándote un excelente viaje.